Mountain Bike Club de Campo

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Los ciclistas

¿Quiénes somos?

Ante todo somos un grupo de amigos con una afición común: la bicicleta de montaña, a la que estamos "enganchados" como si de una droga se tratara. Salimos todos los domingos del año, llueva, nieve o granice (aunque alguna vez no ha habido h.... manera y nos hemos quedado en casa). La mayoría vivimos en las urbanizaciones Club de Campo, Ciudalcampo (R.A.C.E.) y alrededores, pero cada vez hay más "adictos" que se apuntan a venir con nosotros y que se "enganchan". Las rutas que realizamos las podéis ver, casi todas, en esta web. Tenemos preferencia por la Sierra de Madrid y por los alrededores de Club de Campo y San Agustín del Guadalix, pero nuestra afición nos hace explorar otros sitios de la provincia de Madrid, Guadalajara e incluso Ávila, donde tenemos también otro grupo de ciclistas de Las Navas del Marqués con los que nos juntamos a menudo (ver página de Las Navas). Pedalear con un grupo numeroso (sin pasarse) es muy divertido, agradable y se acaba por hacer verdaderos amigos. Como se puede observar por nuestros "cuerpos serranos" no es que seamos unos atletas precisamente (bueno, José Luis sí que lo es) por lo que nuestras "marchas" son tranquilas (a veces demasiado y suena la música de Verano Azul) y cualquier persona que tenga, primero de todo, bicicleta, un poco de fondo físico y, sobre todo, mucha afición (¡lo peor son los madrugones!) puede ir cómodo en el grupo. ¡Apúntate!.

Víctor, el "webero"

Domingo 10 de Diciembre de 2017. Vuelta por los Pueblos Negros: Campillejo, Espinar, Roblelacasa, Matallana y la Vereda

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 VUELTA POR LOS PUEBLOS NEGROS DE GUADALAJARA Y EL EMBALSE DE EL VADO

           1. Que no se acabe nunca:

Ando yo estos días retomando un ejercicio personal que me gusta ir completando con material de todas las rutas: de cada una guardo en una carpeta del ordenador unas cuantas fotos representativas, para tener resumido lo que ha ocurrido. No soy el único que lo hace, seguro, pero partiendo de la base de que todas las rutas son distintas, aunque los lugares se repiten, es una manera de poder caracterizar en el tiempo lo que ha sucedido en cada una de ellas, con cara y ojos de los capullos que íbamos de paseo.

Con ello se puede ver cómo han ido cambiando las cosas a lo largo de los años, tanto los que he compartido yo como los precedentes (viéndolo desde mi perspectiva, claro). CdC es algo vivo, que está ahí, sin muchas normas, sin grandes ataduras salvo las que uno quiere (y las crónicas), y eso ha hecho que quien está en cada momento en el grupo sea porque quiere, porque le apetece compartir con el resto de amigos gladiabikers momentos inolvidables, entre otras cosas.

Yo comencé a pedalear por estos andurriales allá por el año 2010, de la mano de Juan (marikonadas las justas, en todo caso), después de casi dos años con una sequía importante de pedales. Desde entoces no he dejado de ir a las rutas salvo que haya estado enfermo o lesionado (mi maltrecha rodilla, por ejemplo). He vuelto a recuperar las ganas de ser ciclista, gracias a la amistad y camaradería de todos y cada uno de los integrantes de esta familia ciclista. Además, de forma paralela pero nunca excluyente, se han ido creando otros momentos que compartir, más allá de la pasión ciclista que nos ha unido.

Por ello hoy, volviendo la vista atrás, veo lo afortunado que soy (que somos, creo) de haber podido seguir pedaleando cada domingo todos juntos, conociendo lugares, mejorando trazados (“variantes”), inventando nuevas formas de montar (ruta de fin de semana en Lagos, rutas de orientación). Hay pocas cosas en nuestra vida que realmente elegimos desde nuestra parte pasional: una parte de la familia (la directa de nuestro hogar) o los amigos, por ejemplo. Y a la hora de montar cada domingo, esos amigos están porque quieren estar, no porque alguien les obligue. Es lo grande.

Cada cual a su velocidad, cada cual a su ritmo, pero todos ahí, en el meollo, vamos haciendo kilómetros domingo tras domingo. Con edades tan dispares como la mía, kerubín con 39, y la del abuelo Ángel con 66, tenemos de todo, además de procedencias muy variadas también. Hasta tenemos al güiri cabrón de Fergus, de Canterbury, el semigüiri Juanito, nacido en Londres, o el señor de las ondas, Herrera, nacido en Alemania.

Por ello y por muchas cosas más, el grupo se ha ido transformando con el paso del tiempo, evolucionando, mejorando. Sí es cierto que en todo avance no deja de haber pruebas y errores, y que no todo marcha siempre bien, pero estar ahí es bastante, es importante. Hay inquietudes diferentes porque somos personas diferentes, pero seguimos teniendo un punto de encuentro, para la mayoría casi todos los domingos, para algunos cuando pueden, y para otros cuando la ruta se ajusta a la adrenalina necesaria. A veces se dan dos pasos para adelante, y luego viene uno hacia atrás, pero seguimos compartiendo cosas. Y, pienso humildemente yo (mi madre me dice todavía que de humilde tengo poco, jeje), que no se acabe nunca.

         2. Los Pueblos Negros de Guadalajara como paradigma de ruta dura.

De la ruta, realmente, destaca que Ángel se ha calzado un ostión en piedra caliza que casi se rompe el alma, con rodilla maltrecha y todo. El resto ha sido una visita nueva a un lugar ya conocido, con un paisaje excepcional y unas sendas espectaculares. Un lugar, dicho sea de paso, que no deja de sorprender.

A las 8.45 en el punto de salida, concretamente el cruce entre las carreteras de bajada al Pantano de El Vado y la que se dirige a Campillo de Ranas. Saludos, preparativos y en marcha. Juan y yo llegamos ligeramente tarde, 5 minutillos de nada, y Javi amablemente nos espera (haciendo la presión justa para que aligeremos, que es gerundio). Rampas de subida para llegar a la Loma del Cabezo, donde abandonamos la pista principal y empieza una bajada con una fuerte pendiente por una pista más estrecha, que nos lleva a cruzar por un puente el Arroyo de la Venta, no sin antes echar bien el culo atrás durante los últimos 200 metros de bajada, con una pendiente aproximada de un 25% y un par de curvas cerradas que hacen ponerse la rueda trasera casi por delante.

Iniciamos la pista de aproximación a Campillejo, por la derecha de la carretera que viene de Tamajón, con tres repechos que nos hacen echar pie a tierra, continuando hasta el pueblo, que cruzamos para salir por una impresionante vereda hacia El Espinar. El paisaje otoñal, en todo momento, deja colores y contrastes acusados en todos los caminos que recorremos. Y el agua tenue sobre las rocas convierte los senderos en pistas de patinaje. Ostión del abuelo Ángel, que se deja parte de rodilla en el suelo. Susto importante que se saldó, en principio, sin más consecuencias que molestias toda la ruta. Se caen también el Alcalde y Flu, sin problema para seguir. En el camino hacia Roblelacasa se pierden JuanPa y Agolfo, el gran juguetón, que llegan al pueblo por carretera. Para los demás empujabike.

De ahí a Matallana por el puente de los Trillos, otra bajada con importante desnivel por pista bastante rota.  Merienda y a subir hasta el pueblo y recuperar la pista principal, que nos llevará a través de pinares y chocolateras que no son tal (una suerte) hasta La Vereda, siguiente alto en el camino. Algunos paran a visitar el pueblo, que realmente merece la pena, y otros seguimos para no retrasar la marcha, ya que vamos con las rodillas en cuarentena. Bajada hasta el Arroyo de la Vallosera, cruce por puente y subida hasta divisar el Embalse de El Vado, casi sin agua, desolador. La Presa, de dos muros, tenía sólo agua en el muro principal, y no mucha. En todo caso, un dato curioso sobre el pantano es que durante los meses de verano se suele dejar casi vacío, en la cota mínima, para recoger las lluvias del otoño, que en esa zona del río lo suelen llenar muy rápido. Curioso, sobre todo, teniendo presente que río abajo no hay más embalses en su cauce.

Paramos brevemente. Goyo, Javi Ignacio y yo seguimos avanzando para afrontar la subida final a Los Collados y el Barranco La Jara sin apuros, ya que no podemos ir muy rápido. Último escollo antes del final de ruta. En medio de la subida, por pista muy mejorada desde la primera vez que se hizo, suena el teléfono: Flu, que ha roto el cambio, que vayas por él con el coche cuando lleguéis, comenta Juan. Sí bwana. Seguimos subiendo, por camino tendido, que no se acaba nunca, donde está la puta antena, etc. Menos mal que la conversación es interesante. Llegamos al fin a los coches, dejo todo allí y voy por Flu y Gonzalo, que le acompaña, al Pantano. Cuando les alcanzo ya van por la carretera, avanzados. Gonzalo, la ostia, decide irse en bici. Que montes, coño. Que no, que me voy montao, hasta Bilbao. Pues llegó antes que nosotros, el cabrón, ya le dio.

Para el tercer tiempo, como estoy de cumpleaños, llevo empanada de Coruña, que espero haya gustado. Con eso y unas cervecitas pasamos un rato calentito y agradable con el panadero de Tamajón. Según reza en la bolsa en la que vienen los bollos preñaos que le compramos, desde los años 40 del siglo XX haciendo pan y bollos. Extremeño, muy majete. Gracias por tratarnos siempre bien, por cierto, en esa panadería.

Nos abrimos y cada mochuelo a su olivo, no sin antes llamar a casa para avisar de que llegaremos sobre las 15.30. La ruta, como siempre, dura, con sube baja permanente, y fría, aunque no tanto como en otras ocasiones que hemos venido. Una de las rutas más duras, en general, que hacemos, y casi sin darnos cuenta.

           3. Epílogo.

Aunque dentro del grupo no nos damos cuenta habitualmente, cuando salimos por ahí con otra gente, yo en Coruña, por ejemplo, fundimos al que se nos pone al lado (mi hermano no quiere montar conmigo, el cainita). Si bien es cierto que hay gente por ahí mucho más entrenada que nosotros, el nivel general del grupo es muy alto, del primero al último, con mucha regularidad. Esto hace que exista un margen que permite ir a cada uno a su ritmo, y acompañado.

Hace unas semanas, aquí en Madrid, me encontré con un vecino mío en el trastero. Monta de vez en cuando, pero está delgadito y con buena forma. Yo iba a El Pardo, y vente que le dije, que voy a tu ritmo. Casi me lo cargo. Y yo iba realmente tranquilito. Si lo llevan los JaviCabrones lo traen con un pulmón artificial. Ni que decir tiene que me mandó a tomar por saco en medio del monte y se fue por su cuenta. Le daba reparo retrasarme, decía. Una ostia: pírate, cabrón, que estoy con los estertores. No vamos tan mal, ni el último.

En cuanto a lo pasional, yo pensaba que era una persona normal, con mis virtudes y mis defectos, pero cuando se junta mi mujer con las mamás del cole de Sarita, le dicen que si su marido está mal de la cabeza (los suyos son más sedentarios), y después del ostión de hace 3 semanas, con cráter rodillero, ni os cuento: anduve cojo 15 días. Sí, es cierto, es una pasión esto de la bici.

Me gustaría recordar a todos los compañeros que en algún momento han compartido esta pasión y han pedaleado con nosotros como ciclistas habituales y por diferentes motivos ya no lo hacen: Javi Doblas, Valentin, David Martinez, Chema, Charly, Álvaro, Evita, Jaime, José Luis, Marily, Josef, Santos, y varios más que me dejo, con los que había igualmente una notable relación personal y humana. Ellos han sido parte de esto también, y nada impide que lo puedan volver a ser en el futuro.

Hay frases y palabras que destacan y marcan momentos memorables en un grupo: “siempre hay que esperar por los mismos”, “Víctor cabrón”, “ACC (Amigos Ciclistas Cabrones)”, “Aaaguuuaaa, Aaaaguuua”, etc.; y de las cuales sus autores nos acompañarán también siempre, porque han dejado algo de su cosecha en este “algo vivo” que hemos dicho que es CdC.

Desde la pasión por el ciclismo y con la convicción de querer seguir compartiendo con todos las mañanas de domingo, como siempre y por muchos años, por las cosas de montar.

(escrito por David Verdes)

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